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Editorial - 1119

 


Siembra la paz

 

La paz y la armonía son un anhelo de todas las personas. La paz es el mayor regalo que Jesús nos dejó antes de su ascensión al cielo: “Mi paz os dejo, mi paz os doy…” Sin duda, sabía que la íbamos a necesitar en este mundo saturado de odio y guerras. Necesitamos paz en el mundo, paz en la familia y paz en el alma.

 

Vivimos en una sociedad caracterizada por la competencia y la agresividad, y pareciera que la mejor forma de sobrevivir en estas circunstancias consiste en ser agresivo y competitivo. Nada más erróneo. La competencia y la agresividad son conductas prehistóricas que obedecen a mecanismos de defensa. El mundo ha evolucionado y estos comportamientos, en apariencia eficaces, son destructivos

 

La competencia y la agresividad desatadas en el mundo son dos premisas que conducen a la guerra. Tú no puede desactivar estas bombas pero puedes hacer mucho en relación con tus hijos. Puedes educarles para la paz, la comprensión, la tolerancia, el perdón y la solidaridad. De este modo le protegerás contra la agresividad de la vida.

 

Si observas el rostro de un niño feliz, verás que expresa paz. Su rostro dibuja constantemente una sonrisa natural que brota de lo profundo de sus ser. Se trata de un niño que disfruta intensamente la alegría de vivir, porque se siente amado y seguro. El estado de ánimo habitual del niño feliz es de paz y de alegría. La paz debería ser el estado habitual de los niños y también de los adultos.

¿Por qué razón no son felices todos los seres humanos?

El hecho de que las cosas no sean así, indica que la vida está mal planificada.

 

Hay personas que viven habitualmente en paz; no porque todo les salga bien, sino por su actitud positiva. Existe algo dentro de estas personas que han construido a lo largo de de los años. Se llama fe, ilusión, esperanza, autoestima, paciencia, conformidad, agradecimiento por lo que son y por lo que tienen, alegría de vivir, etc.

La paz es un estado de ánimo, es un hábito, una forma de ser y de sentir que nos acompaña a lo largo de la vida; así como también son hábitos el saber o la ignorancia, la buena educación o la mala educación, la honestidad o la deshonestidad.

 


Cómo sembrar la paz en sí mismo y en los demás

 

La paz es un hábito; pero nadie aprende lo que no produce beneficios; por lo cual, es necesario conocer los beneficios de la paz.

 

La mayorías de los seres humanos viven una guerra interna, por lo cual, les resulta difícil vivir en paz con los demás.

 

Solamente las personas desarrolladas pueden ser pacíficas; de modo que, para ser promotores de la paz estamos obligados a ser auténticos, a controlar a nuestros enemigos internos (la ignorancia, el temor y el egoísmo).


No hay que confundir la paz con la pasividad. La paz es activa y no tiene tregua con la injusticia, con la mentira, con la irresponsabilidad y con cualquier otra conducta que se oponga al desarrollo y a la libertad del ser humano.


La paz no se puede enseñar como una teoría abstracta. La paz es una forma de vida, una forma de ser, de pensar, de hablar y de actuar.

 

El desarrollo, la paz y la felicidad son distintos aspectos de la misma realidad profunda de la persona. Cada una de estas realidades supone la existencia de las demás. De modo que, si quieres lograr la paz, debes desarrollarte, ser buena persona y ser feliz.  

 

Recuerda que los enemigos de la paz son el temor, la ignorancia, la injusticia y el egoísmo propio y ajeno; por tanto, estos son los enemigos a derrotar.

 

La prisa, la saturación de trabajo, las numerosas necesidades creadas, la angustia y el estrés, son también enemigos de la paz personal, familiar y social.

 

La falta de paz afecta al cuerpo, a la memoria, a la inteligencia y a la productividad.

 

El mayor beneficio de la paz es la felicidad. "Cuando estés en paz contigo mismo y con el mundo que te rodea, la felicidad vendrá a ti sin buscarla " Lao Tse. 

 

 

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    Lic. David Angulo de Haro

 

 

 

 

 

 

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